Me mudo

13 ene

Después de mucho pensarlo, decidí fusionar los dos blogs que manejo, uno que tengo desde 2008, cunado aún era soltera, y éste, Milky Time, que surge a raíz del nacimiento de Bam Bam.

Te invito a que visites mi nueva casa: www.laescribidorablog.com

Gracias por leerme

Depresión posparto

12 ene
Después de haber tenido la oportunidad de entrevistar a Katia Thiel, autora del libro “Maternidad Tabú”, creí necesario compartir un poco de lo que hablamos durante media hora, pues las cifras de las mujeres que sufren depresión posparto en el mundo y en México son alarmantes, y, además, muchas de ellas  no saben lo que está sucediendo.
 
Tras el nacimiento de su hija, Alexa, Katia comenzó a sentirse triste, enojada y cansada; dejó de frecuentar a sus amigas, su trabajo y sus hobbies. En un inicio, pensó que simplemente la maternidad no era para ella, pues a su alrededor veía a mamás felices, y ella no lo estaba del todo.
 
Cuando la pequeña nació, le diagnosticaron displasia de cadera, lo cual ocasionaba que llorara constantemente y eso, a su vez, le generaba a Katia tensión, angustia y desesperación.
 
A los dos años, su esposo la convenció de embarazarse de nuevo, y fue cuando concibió a los cuates, Anna y Harald. Sin embargo, al ser un embarazo de alto riesgo, las cosas se complicaron, pues tuvo que estar en cama varios meses y con una niña de 2 años a quién cuidar.
 
Sin saberlo, Katia había caído en una depresión posparto, que con el tiempo, la falta de atención médica y de información, derivó en otro tipo de depresión.
 
Nada parecía mejorar,  hasta que escuchó hablar del libro “Down came the rain: my jourdeny through postpartum depression”, de Brooke Shields, y a partir de ese momento, Katia comprendió lo que estaba sucediendo en su interior.
 
Fue entonces cuando inició un tratamiento psiquiátrico, y tras dos años, con ayuda de su esposo y sus tres hijos, a quienes considera su mayor tesoro, logró salir adelante.
 
Desde entonces, Katia se dio a la tarea de investigar sobre el tema, leyó algunos libros en inglés y alemán, y decidió escribir su propia historia para ayudar a otras mujeres en su misma situación.
 
De acuerdo con la publicación de Thiele, existen tres tipos de depresión posparto:
 
1. Baby Blues. Ocurre entre el 50 y 80 por ciento de las mujeres tras dar a luz, suele presentarse un par de días posterior al parto y algunos de los sentimientos que experimentan son: tristeza, irritabilidad, sensación de dependencia, súbitos cambios en el estado de ánimo y enojo. Esto se considera normal debido al abrupto cambio hormonal y cansancio físico. No requiere tratamiento médico y generalmente se controla en una o dos semanas; sin embargo, puede significar el inicio de una severa depresión posparto.
 
2. Depresión posparto (DPP). No existe una explicación única sobre el desarrollo de esta enfermedad. Se piensa que es una mezcla de factores psicológicos, sociológicos y biológicos los que la causan. De acuerdo con las estadísticas, un 10 o 20 por ciento de las mujeres que dan a luz desarrollan DPP.
Puede aparecer unos días o, incluso, meses después del parto, y no necesariamente con el primer hijo. Los síntomas suelen confundirse con los de Baby Blues, pero estos son más intensos y duraderos. Algunos son: Tristeza persistente, cambios de estado de ánimo, irritabilidad extrema, falta de motivación, fatiga, insomnio, cambios en el apetito (comer demasiado o dejar de comer), ansiedad excesiva, distanciamiento hacia el bebé, malestares físicos, inadaptabilidad y culpabilidad, falta de concentración y pérdida de memoria, ataques de pánico, desinterés por el recién nacido, sensación de vacío y desamparo, entre otras. Puede presentarse desde el nacimiento del bebé hasta su primer año de vida.
 
3. Psicósis posparto. Es un tipo de depresión más grave, pero menos frecuente. Generalmente, aparece durante la primera semana posterior al parto y se considera una enfermedad mental muy seria, ya que las madres pierden el contacto con la realidad. Padecen alucinaciones auditivas o visuales y pueden tener pensamientos suicidas con respecto a ellas o criminales hacia sus hijos.
 
Consecuencias
Las consecuencias de una depresión posparto no atendida son demasiadas. Desde una ruptura familiar y divorcio, hasta serios efectos en la salud de las madres, como enfermedades cardiovasculares y debilitamiento del sistema inmunológico.
 
En estos casos, es importante acudir a un especialista de inmediato y pedir apoyo a sus familiares.
 
Datos del libro
 
 
 
Maternidad Tabú
Editorial Urano
Autora: Katia Thiele

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Nuestro primer baño

9 ene

Cuando Bam Bam tenía 3 meses, comenzaron los comentarios y cuestionamientos sobre la forma en que lo bañaba. “¿Hasta cuándo lo vas a bañar en tina?” “Ya está grande, lo puedes bañar en la regadera” “Ya es hora de que se bañe con papá”… y un sinfín de comentarios más.

A raíz de un problema que tuve con mi mamá por un comentario que me hizo sobre la lactancia, opté por no pelear con el mundo, no dar explicaciones y limitarme a sonreír.

Y es que no entiendo por qué el afán de hacer que los niños crezcan antes de tiempo, y no me refiero al baño en regadera, sino a todo, siempre hay un comentario que refiere a que el bebé ya está grande para tal o cual cosa.

Creo que el hecho de ser padres, no nos da el derecho a tomar cierto tipo de decisiones sobre nuestros hijos, como es el desarrollo. Todos los niños son diferentes, cada uno marca su tiempo, su ritmo, sus gustos y disgustos. No hay límites establecidos en cuanto al tiempo para hacer las cosas.

La niñez se va volando, y no conozco a algún adulto que no añore esa etapa, entonces ¿por qué adelantar las de nuestros hijos?

A la fecha, una de las cosas que Bam Bam y yo más disfrutamos es la hora del baño. Es toda una rutina establecida. Lo dejo en la cuna chica que tengo en la recámara principal mientras voy por su tina, la lleno, le pongo unas gotas de aceite relajante de Melissa, pongo su hamaca antiresbalones, voy por él, lo desvisto, le digo la usual frase “al agua, pato”, nos reímos frente al espejo y lo acuesto en su hamaca.

Primero, cual rey, disfruta sentir el agua en la cabeza, me ve, sonríe y escucha atento mi plática o cantos, según el día; después, se sienta y empieza a chapotear o jugar con sus juguetes.

Pese al desastre que se hace en el baño, pues salpica no sólo la regadera, también el piso, el espejo y todo lo que hay ahí, nos encanta ese momento.

El domingo, rompimos un poco la rutina. Como estaba enfermo, habíamos decidido no bañarlo y tenerlo en pijama todo el día; sin embargo, un “accidente” con el pañal nos obligó no sólo a preparar el agua, también a tirar el mameluco, así que ya se imaginarán el cuadro.

Para hacer todo más rápido, pues era URGENTE, decidí bañarlo conmigo en la regadera. Fue algo nuevo para nosotros. Alguna ocasión ya se había bañado con papá, pero era más pequeño. ´

Me puse una playera para evitar que se resbalara y el marido me lo pasó. Se extrañó un poco con la nueva modalidad de baño, y se prendió bien de mi cuello.

El baño fue rápido y al parecer no le disgustó, pero al final del día, la conclusión es la misma, seguiremos con nuestra rutina. ¿Hasta cuándo? hasta que él así lo decida.

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Su primera palabra

4 ene

Cuando mi hijo nació, como ya lo expliqué en otro post, tuvo que estar unas horas con un casco de oxígeno y recibió su primer alimento por sonda. Al día siguiente, cuando lo escuchamos llorar, la primera en preocuparse fue mi mamá, “lo lastimaron”, dijo. Todos pensamos lo mismo, pues su llanto era “ronco”. Sin embargo, conforme pasó el tiempo, nos dimos cuenta que no, no lo habían lastimado, su timbre es así, muy al estilo de la Guzmán, en versión masculina.

No estaba empeñada en que su primera palabra fuera “mamá”, me conformaba con escuchar cualquiera, y muchas de mis tardes las he dedicado a enseñar a Bam Bam a decir “ma-má” “pa-pá”, “a-gua”… con la esperanza de que un día, cuando menos lo esperara, repitiera una de esas palabras; sin embargo, mi suegro, muy a su estilo y en broma, me decía que no me preocupara si no lo hacía, pues el marido había hablado hasta los 3 años.

Cada que le decía “háblale a papá” “¿dónde está papá?”, Bam Bam me veía con cara de what y se reía, sobre todo en la última semana del año, que mi insistencia fue mayor.

Para nuestra sorpresa, el 1 de enero, cuando íbamos rumbo a casa, él sentado en su sillita, y el marido y yo platicando, se escuchó “pa”. “¿Escuchaste eso?”, le pregunté al marido, pero sólo se rió. A los pocos segundos, dijo “pa-pá”. No puedo explicar lo que sentí. La voz más hermosa que he escuchado en mi vida. 

Apartir de ese momento, Bam Bam no ha parado de repetir “pa”, “pa-pá” , e, incluso, ya aprendió cuándo debe decirla.

El lunes, después de varias veces que nos levantamos en la madrugada el marido y yo para acudir al llamado de Bam Bam, estábamos más que cansados. De repente, cerca de las 7 de la mañana, Bam Bam lanzó un grito para que fuéramos por él. En ese momento, con los ojos aún pegados, hice un intento por levantarme, pero el marido me detuvo. “No, acabo de ir hace unos minutos a verlo, está bien”. Al ver que tras su segundo grito no tuvo respuesta, cambió de táctica y se escuchó “pa-pá, pa-pá”. Acto seguido, el marido, cual resorte, brincó de la cama. “Me está llamando, voy con él”, dijo mientras caminaba hacia su recámara.

 Sobra decir, que a partir de ese día, el papá se derrite cada que lo escucha hablar.

Aquí la grabación del mismo día que pronunció por primera vez “papá“.

Otra grabación, ya perfeccionado la técnica del habla. Nótese que al final ya estaba harto de tanta repetición.

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Maternidad y trabajo

29 dic

Cuando decidimos continuar con nuestra carrera profesional, lo más importante es no sentir culpas al dejar a los hijos. No es bueno para ninguna de las dos partes.

Cuando inició mi periodo de incapacidad por maternidad y antes de que naciera mi hijo, había dos cosas que ocupaban mi cabeza. Uno, imaginar el día de su nacimiento y pedir, con todas mis fuerzas, que todo estuviera bien, y la otra, pensar en qué haría con el trabajo.

Por un lado, la parte profesional es muy importante para mí, ya que necesito sentirme activa, productiva y, no menos importante, ser independiente económicamente. Por el otro, mi mayor sueño, desde que recuerdo, era convertirme en madre, tener una familia, educar a mi hijo de acuerdo a mis principios e ideales, disfrutar cada uno de sus logros y etapas de desarrollo, y pasar tiempo de calidad con mi marido.

A mi parecer, esa es una de las grandes preocupaciones de las mujeres que trabajamos y que, además, queremos formar una familia. Respeto a quienes por decisión o necesidad dejan a sus hijos en una guardería, pero si algo tenía claro es que no quería que Bam Bam fuera niño de guardería. Yo no lo fui, mi esposo tampoco, quizá por eso no dejé ni la mínima posibilidad para esa opción.

 

Me sentía como adolescente recién graduada que no sabe ni qué quiere de la vida, pues, desafortunadamente, en México son pocas las empresas que permiten un “home office” u ofrecen algún plan laboral especial para madres, y sumado a los pocos días de incapacidad posparto que nos da el seguro, da una pésima combinación.

Mi marido me planteó la opción de tomarme un año sabático o el tiempo que yo decidiera, me ofreció su apoyo y un hombro cada que me soltaba a llorar por no saber qué hacer; sin embargo, eso no era suficiente en esos momentos de angustia, de incógnitas e interrogantes. Incluso, he de confesar que en ocasiones sentía rabia al pensar que él no tenía nada que cambiar en su vida profesional porque los hombres no se enfrentan a esa disyuntiva, o por lo menos no la mayoría.
Así pasaron las primeras tres semanas de mi periodo de incapacidad. Tirada en la cama o en el sillón, porque ya no me dejaban andar en la calle, comiendo paletas de hielo o raspados, mi adicción durante el embarazo, e imaginando alternativas de vida.

 

Cuando nació Bam Bam, las cosas se complicaron aún más. Sólo quería tenerlo en mis brazos, contemplarlo y besarlo. Me parecía tan frágil, tan pequeño, tan dependiente de mí, que me ponía a llorar tan sólo al pensar que, si así lo decidía, en 45 días debía regresar a trabajar. ¿A quién se le ocurrió fijar ese límite de tiempo? ¿quién, en su sano juicio, cree que un bebé está listo a los 45 días para separarse de su madre?

 

Los días transcurrían, estaba en cuenta regresiva. El cansancio era inminente y pese a que tenía una enfermera a mi disposición, ni un solo día acepté dejarla a cargo de Bam Bam unas horas para que yo pudiera descansar. Claro que me arrepentí meses después, cuando el cansancio me pasó la factura.

 

Una semana antes de que concluyera mi incapacidad, le mandé mensaje a mi jefa para decirle que quería hablar con ella y con el coordinador del área, y quedamos de vernos el siguiente miércoles. Para ese momento, aún no sabía qué decisión tomaría. No tenía a alguien de confianza para que cuidara a Bam Bam. Mi mente era una telaraña que cada día se enredaba más. Mis sentimientos estaban a flor de piel.

 

En mi desesperación, se me ocurrió escribir en fb “¿Alguien conoce a una niñera de súper confianza?” y las respuestas comenzaron a caer, desde el típico comentario que decía “suerte, ojala la encuentres” y en ese momento no te hace más que enojar hasta los que me recomendaban meterlo a una guardería. ¿No había sido clara? NO busco guardería, busco NANA, pensaba, hasta que recibí un mensaje, como caído del cielo, del mejor amigo de mi marido. “Mi mamá, se ha dedicado a eso por años, tiene toda la experiencia, te paso sus datos y habla con ella”.

 

Le hablé, platiqué unos minutos con ella y me bastaron para saber que sería la elegida. No podía haber encontrado a una persona mejor. Me inspiró toda la confianza, me transmitió seguridad y me tranquilizó un poco. Así que pensé en un par de propuestas de planes de trabajo y me preparé para mi cita.

 

Me levanté temprano, me alacié por primera vez desde que nació Bam Bam, me puse la maravillosa faja que me compró el marido, le encargué a Bam Bam a mi mamá y me dirigí a la oficina. Cuando entré al periódico, sentí los mismos nervios que la primera vez. Me senté en la sala de juntas con ellos y les planteé mi opción. No tenía nada que perder, si no les funcionaba mi propuesta, me quedaría con mi bebé de tiempo completo hasta que encontrara algo acorde a mi nuevo estilo de vida.

 

Por suerte, la empresa mostró interés en que regresara y me apoyó con mi plan. Hasta hoy, no me he arrepentido de haber regresado. Tengo un horario laboral que me permite sacar los pendientes y cumplir con los objetivos durante el día, y disfrutar las tardes al lado de Bam Bam.

 

Creo que la clave para que funcione la combinación de trabajo y maternidad es dejar a un lado las culpas y estar cien por ciento segura de la decisión que se tomé, por lo menos en mi caso así ha sido. Claro que hay días difíciles o días en los que preferiría quedarme acostada a su lado o jugando por horas, pero es cuando recuerdo que fue una decisión que tomé, que es por el bien mío y de mi familia, veo su sonrisa, y eso me da fuerzas para seguir en este camino que elegí.

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¿Dormir más?

27 dic

El mejor alimento para los bebés durante le primer año de vida es la leche materna.

 

Uno de los grandes deseos de las mamás es que los bebés duerman, si no toda la noche, sí varias horas seguidas, para poder descansar. Mucho se ha dicho que la clave para lograrlo es alimentarlos con fórmula, ya que ésta tarda más en digerirse y garantiza más horas de sueño para ambos; por ello, algunas mamás descartan desde su embarazo alimentar a sus hijos con leche materna sin saber el gran error que cometen.

Si bien es cierto que la leche materna se digiere más rápido y que no podemos saber bien a bien la cantidad que los bebés ingieren, también es cierto que es el mejor alimento para su desarrollo físico e intelectual, además de todas las ventajas que ya conocemos, como el lazo tan fuerte que se establece entre madre e hijo, el que pueden conciliar el sueño sin problema alguno, que sirve como “vacuna” contra enfermedades respiratorias y gastrointestinales, entre muchas otras. Claro, sin olvidar los muchísimos beneficios que el amamantar tiene para la mujer.

Hace cosa de tres o cuatro semanas, comencé con el destete de Bam Bam, más que por decisión propia, obligada un poco por las circunstancias.

Desde que él nació, tenía claro que quería amamantarlo hasta que cumpliera 1año, ya después él y yo decidiríamos qué pasaría. Sin embargo, la clave para que las mamás que trabajamos podamos establecer una lactancia exitosa es la extracción. Es básico respetar el horario y procurar hacerlo diariamente a la misma hora, cada 3 o 4 horas, aproximadamente.

Durante los primeros seis meses, no tuve problema alguno. No tenía que poner recordatorio ni alarma. El mismo cuerpo se encargaba de avisarme cuando era hora de “milky time”. Nunca me preocupé por la cantidad de leche que obtenía, pues siempre logré juntar las dos o tres tomas que se necesitaban durante mi ausencia.

El problema vino cuando Bam Bam cumplió 7 meses. Y no hay relación directa con su edad, más bien fue por mi carga de trabajo.

La última semana de noviembre y las dos primeras de diciembre son para mí unas de las más pesadas del año, por lo que no tenía ni 5 minutos libres para realizar la extracción. Como mi cuerpo ya no me avisaba como antes, pues ya se había regulado, a veces no me daba cuenta del tiempo que había transcurrido hasta que llegaba la hora de salida y me percataba que no tenía ni una toma para el día siguiente.

Muy a mi pesar, no tuve más remedio que comenzar a complementar en el día con fórmula, y darle pecho a libre demanda durante la noche. Evidentemente, mi producción bajó. Tomé chochos y hasta un medicamento que como efecto secundario eleva la producción de prolactina, pero no hubo gran cambio.

Esas tomas de la noche eran más que especiales para mí. Sí, no niego que muy cansado, sobre todo después de un largo día de trabajo, pero era un momento mío y de mi hijo. Unos minutos en los que él y yo estábamos más conectados que nunca; disfrutaba su olor, su manita acariciándome o jalándome el cabello; su mirada clavada en mis ojos o ver sus ojitos cerrados. Era un gran momento.

No pasaron ni dos semanas cuando el mismo Bam Bam comenzó a marcar su destete. Me lo pegaba y a los 3 minutos se ponía a jugar, se jalaba, se quitaba, me mordía o simplemente se empezaba a reír sin señal de querer comer. Otras veces se enojaba, supongo que porque el flujo de leche era visiblemente menor. Y así, de la noche a la mañana un día dejó de buscarme. Ya no se emocionaba al verme cuando salía de la regadera ni cuando me descubría el pecho para que comiera.

Para no deprimirme más de lo que ya estaba, decidí ver los pros del asunto. Sí, tiene algunos, no puedo negarlo. A partir de ese momento, pude usar de nuevo las blusas y vestidos que quería sin preocuparme por los botones o por cómo le haría para facilitar el asunto. También puedo turnarme con mi esposo para que él se levante en las noches, porque eso sí, es completamente FALSO que un bebé duerme toda la noche cuando toma fórmula.

Habrá casos en los que así sea, pero no es ley ni podemos decir que es únicamente por ello. Hay muchos factores que influyen, desde madurez cerebral hasta necesidad de compañía.

Hasta el día de hoy, a pocas semanas de que Bam Bam cumpla 8 meses, sigue despertando todas las noches, mínimo dos veces. No, la fórmula no es el secreto mejor guardado en la historia. Tampoco darle papillas tres veces al día han ayudado. Mi hijo simplemente no está listo para dormir toda la noche.

Así que mamás, por favor, no se dejen llevar por las personas que juran que el remedio infalible para que los niños duerman y ustedes puedan descansar es la fórmula. Si deciden alimentar a sus bebés con fórmula, aún sabiendo todos los beneficios que NO obtendrán, que no sea por querer que duerman más…

Espasmo del sollozo

22 dic

Ayer viví uno de los peores momentos desde que soy mamá. Aparentemente todo estaba bien, Bam Bam se disponía a dormir en su cuna. Lo acosté, le di las buenas noches y me fui a mi recámara. Pasaron unos minutos y escuché un llanto muy fuerte, corrí a su recámara para ver qué había sucedido, y lo encontré boca abajo. Aunque no escuché ruido de golpe ni nada parecido, lo levanté para ver si estaba bien, y en ese momento me di cuenta que había dejado de respirar.

 No sé bien a bien cuánto tiempo pasó, pero para mí fue una eternidad. Primero se puso morado, manoteó un poco y después lo sentí flácido. Aparentemente volvía  a la normalidad, pero con un ritmo de respiración muy lenta, como si algo le impidiera inhalar. Tomé la perilla para aspirarle la nariz y empezó a llorar de nuevo y a manotear, lo cual me tranquilizó un poco. Lo levanté y nuevamente sentí como si no pudiera respirar, así que repetí el procedimiento de la perilla hasta que lloró de nuevo y se mostró normal.

 Tardó varios minutos en recuperar el color, parecía asustado y sabía que yo lo estaba, así que decidió regalarme una sonrisa y se puso a jugar.

 Hoy, después de contar en twitter lo que nos sucedió ayer, me di cuenta que es un tema a que a todas las mamás nos preocupa y asusta, e, incluso, algunas ya lo han vivido. Por lo que decidí hablar con un neurocirujano y preguntarle sobre el tema. Les dejo algunos puntos importantes, espero les sirvan.

 * Cuando un niño está llorando como consecuencia de algún golpe, susto o enojo, es frecuente que presenten Espasmo del Sollozo (ES), un trastorno que se caracteriza por apnea transitoria o falta de respiración. En ocasiones va acompañado de pérdida de conciencia, cambio en el tono de la piel y desvanecimiento, flacidez o rigidez en músculos. Generalmente, la duración va de los 2 a los 30 segundos y sucede en niños de entre 6 y 24 meses.

 * En otros casos, los espasmos pueden presentarse sin causa aparente ni llanto de por medio, y se debe, en la mayoría de los casos, a una inmadurez neurológica.

 * La piel puede tornarse azul (o morada) o pálidos

* Los espasmos NO producen ningún daño cerebral al niño, ni está relacionado con la muerte de cuna o muerte súbita.

* El 5% de los niños sanos pueden presentar espasmos.

 ¿Qué hacer?

 1. Retirar cualquier objeto que el niño tenga en la boca

2. Colocarlo de costado, cuidando que no haya algún elemento con el que se pueda golpear

3. No intentar detener el espalmo

4. Al pasar el episodio, dejarlo dormir una pequeña siesta

 ¿Qué evitar?

 1. Cualquier maniobra de reanimación. La respiración de boca a boca y el masaje cardiaco pueden traer consecuencias graves cuando es realizado por personas inexpertas.

 2. Darle agua. Existe riesgo de broncoaspiración.

 3. Introducir objetos en su boca

 4. Administrarle medicamentos

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